Visto que empresarios de todos los matices, han accedido a la
política con altísimas y desproporcionadas ambiciones, queda claro que se
requiere un discurso y un mecanismo generador de “contenidos”, que los hagan
opinar de todo, aunque estos sean mudos. Resalta como ejemplo típico de este
fenómeno, el señor Miguel Vargas, cuyas habilidades para realizar operaciones
comerciales del más oscuro jaez, son más que conocidas, mientras que, por otro
lado, se sabe de su total ausencia de ideología, conceptos u opiniones, sobre
temas cardinales de la nación. Tiene “sentido” ese gran vacío formativo, en
alguien que, según sus propias palabras, “no es político sino comerciante” y
que suele bostezar de forma intermitente, cuando en su presencia se discuten
temas de carácter teórico.
El Ventrílocuo, es un personaje de la comedia, que hace hablar a un muñeco,
expresando sus propias palabras, mientras el muñeco es puesto a mover la cabeza
y la boca, para engañar al público expectante. Al final, el ventrílocuo cobra
por su engaño, logrando un miserable pago por su desempeño. De hecho, hay en el
mundo algunos artistas de este género muy meritorios, aplaudidos por el público
por sus habilidades, pero jamás se tiene noticia de que ninguno de ellos, por
más fanático, afanoso y goloso que sea, ha logrado hacer pensar y hablar al
muñeco, porque donde Dios no puso, no puede haber. He dicho.
